Seguramente en algún momento de adolescencia les dijiste a tus padres, o por lo menos lo pensaste, ¡No te metas en mi vida!. Ese grito es una búsqueda de independencia y una parada para que los padres te den el espacio que tanto pareces necesitar durante esa etapa.

Sin embargo, ahora que soy padre, me he puesto a pensar ¿hasta donde tengo derecho a meterme en la vida de mis hijos? Ellos todavía son pequeños, pero el tiempo pasa volando y antes de darme cuenta, seguramente alguno de ellos ya me lo habrá dicho.

 

hija tapándose los oídos para no escuchar a mama

La labor de los padres es guiar a los hijos para que estén protegidos de todos los posibles riesgos que existen al ir creciendo (vaya que son muchos) por lo que no meternos en la vida de nuestros hijos, en realidad, no es una opción, especialmente en la adolescencia, por ser una etapa en la que los riesgos aumentan.

Al principio, somos lo único que existe en la vida de nuestros hijos y mientras van creciendo, les enseñamos a ser independientes, para que al momento en el que hayan logrado dominar una habilidad les enseñemos una nueva. Así se repite el ciclo una y otra vez, los peques no terminan de aprender. Pero es importante dejarlos que ellos experimenten la sensación de grandeza que da “hacer las cosas solo”, ya sea dejarlos comer, correr, jugar.

Con el paso de los años, tendremos que darles consejos para solucionar conflictos entre amigos, para que salgan de algún aprieto escolar o para alcanzar alguna meta personal. Ellos son los que nos pedirán ayuda, los que pedirán que estemos ahí. Es nuestro deber responder su llamado y estar disponibles para auxiliarlos.

Pero ¿qué pasa cuando nos piden no entrometernos? ¿Debemos dejarlos solos? Hay un video muy bonito que resalta la frase “Quiérele cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesite”. En esta frase se engloba la importancia de estar, de permanecer disponibles para ellos porque no sabemos cuando nos necesitarán.

¿Cómo lograr una crianza no invasiva?

Quizá este es el tema más complicado, porque no existe una receta, una fórmula mágica que funcione siempre, pero son muchos pasos los que se necesitan dar para llegar al destino.

Yo sólo puedo hablar por mi experiencia, por lo que la recomendación es: disponibilidad. Estar presente y dispuesto a escuchar y actuar cuando los hijos lo requieran. Si los acompañas activamente durante su crecimiento, seguramente cuando lleguen a la adolescencia, por más complicada que sea, siempre te darán un momento para escucharte y es ahí cuando puedes hacer que la situación cambie para bien.

 

familia reunida y platicando

Algo de lo que puedo estar seguro es que ser padre no es sencillo, pero hacerlo es muy placentero.