Sin dudar, los padres son las personas más importantes para cualquier niño, ya que ellos le brindan la protección y cuidados que necesita el peque desde su primer día en este mundo, sin  embargo, la crianza no viene con manual y en muchas ocasiones cometemos errores. No se trata de sentirnos culpables, sino de darnos cuenta y cambiar para mejorar.

Estoy consciente de que ser adulto no es fçacil y si agregamos que el futuro de nuestros peques depende de nosotros, este asunto se pone aún más complicado, pues es una gran responsabilidad la que traemos en nuestra espalda. Por eso, en esta entrada vamos a hablar sobre el rol del adulto en la educación de los peques, desde la perspectiva de María Montessori.

Padre e hijo leyendo juntos

Para quienes no sepan quien en Montessori, visiten esta página.

De acuerdo con el trabajo desarrollado por ella, el adulto debe de ser más una guía que un maestro, debe permitir que el niño explore y descubra sus propios intereses, pues es el peque quien debe percibir su potencial interno. Comparado con la educación tradicional, en el sistema Montessori los conocimientos no son introducidos dentro de la cabeza de los niños, sino que mediante la información que hay en su entorno, los conocimientos pasan a ser percibidos por ellos como consecuencia de su razonamiento.

Cuando nos convertimos en guías de aprendizaje, permitimos que los peques aprendan con gusto, a que satisfagan su curiosidad y les damos uno de los mayores placeres de la vida, experimentar el placer de descubrir ideas propias.

Nosotros los adultos somos los encargados para lograr tener un ambiente adecuado en casa y potencial el aprendizaje de nuestros hijos. Por eso les dejamos estas recomendaciones:

  • Asimilar que el niño es dueño de su aprendizaje y que nosotros sólo debemos “sembrar” conocimientos o valores. Lo más importante es el ejemplo. Debemos hacer aquello que queramos que nuestros peques aprendan.
  • Para lograr autonomía e independencia, el peque debe de sentirse integrado a la vida casera cotidiana. Darle algunas tareas le ayudarán a desarrollar habilidades  que evolucionarán hasta conseguir realizar actividades más complejas.
  • Fomentar un ambiente de libertad, respeto y cooperación es imprescindible para lograr que los peques se sientan plenos y así ayudarles a desarrollar todo su potencial.
  • Quizá la mayor dificultad a la que nos enfrentamos sea el primer punto, porque estamos acostumbrados a dar órdenes, a decir cómo se debe hacer, a corregir. Para lograr que el niño confíe en sí mismo, será necesario que aprendamos a observar sin intervenir, sólo en caso de que su seguridad corra peligro. Debemos confiar en que el niño sabe que hace, porque le gusta lo que hace, sino no lo haría.

Madre recibiendo un abrazo amoroso de su hija

¿Qué actividades hacen ustedes para fomentar un ambiente de autonomía e independencia?