Seguramente y sin importar la edad de tus hijos, te has encontrado en esa situación en la que no importa cuanto le hables, no te hacen caso. Pareciera que las palabras entran por un oído y salen por el otro. Si, ese es uno de los momentos más frustrante que puedes vivir como padre.

Y no porque sea un mal común se vuelve más llevadero, pero si un mal que se puede entender mejor y así brindarte algunas soluciones.

niño que no quiere escuchar

Si las palabras no funcionan, cambia de estrategia

Como persona me he enfrentado a situaciones en las que he tenido que buscar una nueva forma de resolver los problemas, y como padre ha sido más frecuente de lo que me imaginaba. En cuanto creo saber cómo comunicarme adecuadamente, mi hijo ya está en otro canal y tengo que volver a adaptarme.

Es por esto que el día de hoy te damos unos tips para mejorar la comunicación con tus peques (y no tan peques).

  • Escoge el mejor momento: La efectividad en la comunicación tiene estrecha relación con el momento en el que sucede. Ya sea que quieras hablar con un niño/adolescente o adulto, es importante aprender en qué momento no hacerlo. Cuando se encuentra en un estado de tensión emocional, es decir, cuando las emociones están a “flor de piel”, ese momento de mayor sensibilidad, no es adecuado para hablar ni entrar en razón porque el cerebro activa las funciones que se encuentran lejos de la corteza superior, donde se realizan las operaciones de lingüística. De cierta forma, podemos decir que se activa el cerebro primitivo. No hay palabra que logre hacer entrar en razón, pero el contacto como las caricias son efectivas para empezar una conexión con la otra persona.
  • En la forma de pedir está el dar: Hay momentos en los que estamos pensando en otro asunto y de repente, ¡zaz! el peque hace algo indebido y le gritamos. No hay que sentirse mal, hay que controlarse. Es normal, más no adecuado, que perdamos el control, lo importante es darnos cuenta y detenernos. Si nuestra comunicación es agresiva, con mirada pesada y hasta quizá agresiva físicamente, es muy probable que cerremos todos los canales de comunicación y el peque no esté receptivo al mensaje que queremos darle.
  • Empieza con empatía: Si queremos que nos escuchen, nosotros también debemos estar dispuestos a escuchar. No abordes a tu hijo en un momento en el que está jugando o está entretenido en otra cosa. Es necesario aprender a ponerse en los zapatos del otro para crear el mejor escenario para nuestro propósito. Si intentas hacer un regaño mientras el niño sigue jugando, da por hecho que no tendrá efecto alguno. Sin embargo, si te pones a la altura de sus ojos (o por debajo) para detener el juego, estás mostrándote interesado en tu hijo, no en lo que hizo. Así podrás empezar a hablar y asegurarte que te están escuchando.

niña gritando y tapándose los oídos

Recuerda que si quieres resultados en tus pláticas, debes evitar dar sermones, buscar culpables y ser repetitivo. Concéntrate en un modelo de soluciones, quizá dando alternativas viables para resolver el conflicto o iniciando un debate para escuchar ideas creativas de tus peques para eliminar aquello que te molesta. Y lo más importante, aprende a seguir adelante, no des vuelta una y otra vez al mismo tema.

¿Qué estrategias utilizas para iniciar el diálogo con tus hijos?